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La metáfora de la temporalidad laberíntica de los sueños. Rodolfo J. Lugo-Ferrer
La obra que Luis Cortés (Koyazo) presenta en esta exposición, logra abofetear y, sumergir al espectador en un laberinto de cuestionamientos existenciales. En esta muestra logramos visualizar como el tiempo se descompone, se bifurca en laberintos. Ese tiempo de la historia de los humanos; esa historia que se ha construido a pedazos, esa que no muestra su rostro, por que ya no lo tiene. Ese rostro que refleja la existencia de una humanidad que queda “abyecta” al pasado, pero que Koyazo la condena al presente del tiempo que nos toca vivir.
La soledad, la muerte, la desesperación, el anonimato, la marginalidad, el “desapego”, la ceguera, la máscara, el carnaval, lo grotesco (que pierde su esencialidad de agredir), nos arrinconan contra la pared de la indiferencia; dejando, a la incertidumbre sin espacio, por que no sucede nada, absolutamente nada. Es como diría el filósofo alemán Martin Heidegger, “la vida es un caminar hacia la muerte“; definitivamente a una muerte, inminentemente, sin sentido. No es la muerte de la metáfora poética, que nos lleva a una trascendencia vital.
Las obras presentadas en esta exposición nos muelen, nos estrujan, nos inmovilizan, cercenan toda racionalidad, nos roban o nos tragan. Nos desposeen de todo sentimiento de esperanza. Estos trabajos de Koyazo nos dejan a la deriva del tiempo. Nos sitúa ante una pregunta ineludible, de la cual no podemos escapar ¿somos capaces de escapar, pero escapar de qué? Después de una lectura de estas obras, nos convencemos de que no podemos escapar; y a eso que no podemos escapar, es a hacer una lectura que resume la historia que refleja a la humanidad de los tiempos post-industriales. En conjunto, la mayoría de las obras presentadas nos reducen a la pasividad, como hacen los medios de difusión masiva como lo son la prensa, el cine y la televisión.
En esta presente muestra, apreciamos, un marcado influjo de ese movimiento que dió ruptura total con la tradición pictórica occidental, me refiero al cubismo; obviamente, con una técnica replanteada como son los “collages”, el tratado de las líneas, de las formas geométricas empleadoas, a las cuales Koyazo logra impartirle una gran “maestralidad”. El presente trabajo pictórico resume la totalidad de una obra de arte: la técnica, el estilo, el contenido temático, la lectura ineludible de la psique humana de algunos arquetipos, ubican a Koyazo como un artista de la postmodernidad. Observamos la gran capacidad que tiene para mostrarnos al Otro; el cual no queremos reconocer, porque tenemos miedo a encontrarnos con nuestros propios monstruos, que al final o a la postre somos nosotros mismos.
En Muerte de Adán, una obra con marcado influjo cubista; apreciamos la amenaza apocalíptica del fin, Adán asume la representatividad de la humanidad completa, la figura humana está descompuesta, desmembrada, cercenada, nos evoca el Guernica de Picasso. Esquematiza el espacio de los humanos con ese entorno amenazado constantemente por la guerra.
Surgiendo de la tierra es una anécdota en donde las imágenes de los rostros y de las manos humanas luchan por asirse a la historia. Koyazo juega a construir unos eslabones que muestran la agonía de la vida y el tiempo. Nos lleva a preguntarnos (porque nos confunde): ¿es una muerte agónica o un resurgir de las cenizas como el ave Fénix?
Siluetas obsesionadas, diluidas, suplicantes, como jeroglíficos humanos al borde del lienzo en donde cada figura ocupa el margen de este medio mixto-collage, el cuadrado y el círculo irrumpen en la composición pictórica dándole una sensual suavidad a este paisaje fantasmagórico, Ominesadmarginem evoca la ecuación del tiempo primordial, el del origen; es una obra que atrapa la mirada del espectador. La utilización de las dos figuras geométricas sugieren una espera de ese ocaso que anuncia el propio título de la obra.
Esta muestra se torna llena de augurios de soledad, desolación; nos lleva a reflexionar sobre el futuro de la vida, nos hace cómplices del abismo temporal, de la desesperación de un hombre (Koyazo-Yo-Nosotros) que se convierte en vate de un holocausto; si es que no dejamos de jugar a la guerra (el Otro, Ellos). La mayoría de las obras están cargadas de una gran descarga emocional; en donde las figuras humanas sólo están representadas en forma de siluetas, incorpóreas, inmateriales; podemos apreciar unas imágenes que no son fluidas, que están demarcadas por sombras que dan la sensación del doble de los sueños. Esta exposición está matizada por la realidad de las posibilidades ilimitadas de los sueños, de los sueños o pesadillas de Koyazo (o las de nosotros, los espectadores); esperemos que sean sólo eso, sueños. enero de 2003.
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